Porque no somos los primeros en irnos

Sacas toda la ropa del armario y la colocas sobre la cama, de esta forma puedes ver bien todo lo que tienes, para que no se te olvide nada. No hace falta decir, que tus pantalones y jerséis favoritos irán los primeros. Ahora empiezas a coger de un lado y de otro esas pequeñas cosas que durante días te has ido apuntando en una libreta, por si la memoria te jugaba una mala pasada a causa de los nervios. Más o menos lo tienes, solo te queda conseguir que entre en la maleta, pero ¡ojo! que no supere los 20kg.

Antes de tocar nada, necesitas una última cosa: la supervisión de tu madre, que ella te diga que está bien. Sí, te vas de casa y, de una forma u otra, te estás independizando por un tiempo, pero como ella misma diría, “una madre es una madre” y necesitas ese pequeño empujón.

Foto vía: Pinterest
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Está claro, sabías lo que te iba a decir y aun así la has preguntado. “No te van a caber ni la mitad de las cosas”. Seguido de escuchar esto piensas que necesitas todo, que nada es imprescindible. Pero cuando vas a meter la primera cosa en la maleta te das cuenta de que sí que hay cosas prescindibles (por lo menos por un tiempo), puesto que lo que tienes entre las manos son fotos de tu familia y amigos, y detalles que ellos mismos te dieron días antes.

Esta vez sí que tenía razón, ella sabía perfectamente que no iba a entrar y no ha entrado.

Muchas veces nos creemos expertos en hacer maletas, simplemente por las pequeñas escapadas que hacemos a lo largo del año, pero no pensamos que ellos también se fueron de casa y que son incontables las veces que hicieron y deshicieron su equipaje en otra ciudad o en otro país.

Porque no somos los primeros en irnos, y porque aunque no salieran del país, estaban mucho más lejos. Incapaces de imaginar algo como Skype o Whatsapp por entonces, ahora aprenden a usarlo para no perderse un detalle de nuestra nueva vida, mientras nos preparan cajas con la ropa que nos dejamos en casa y un poco de todo.

Foto vía: Pinterest
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Ahora lejos de casa, cierras los ojos y ves lo fácil que ha sido. Estoy segura de que para ellos no fue tan fácil, que tuvieron que enfrentarse a situaciones desconocidas que hoy te enseñan y te ponen en alerta, aunque muchas veces pienses que están exagerando. Porque ellos fueron los verdaderos valientes, gracias por esos consejos, por la ropa de más en la primera caja, por los trucos en la cocina y en la vida.

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